-Este spray ambientador huele muy bien
Esa afirmación me hace despertar de mi letargo, espabilarme y darme cuenta que aún estoy en un salón de clases, el profesor sigue hablando por teléfono y el resto de los estudiantes se ha dedicado a entablar todo tipo de conversaciones, como la que el joven a mi lado intenta iniciar conmigo.
-Déjame oler -digo por amabilidad
-Es bien barato y tiene buen olor, por eso lo digo
"Ohh perfecto, un vendedor ambulante de productos de limpieza, lo que me faltaba para pasarme otro rato aquí en lo que el profesor termina su interesante conversación telefónica, la que no pudo haber esperado hasta que terminara la clase", pienso, con algo de hastío.
El joven, alto, delgado y de tez soleada, sigue en toda la disposición de charlar. Ahora busca algo en su mochila, son unos lentes de sol. Se los prueba y me dice:
-¿Qué crees?
-Te quedan bien -digo seca y desinteresada
El, sorpresivamente, no queda convencido con mi respuesta y busca otra vez en su mochila para sacar otros lentes.
-Que tal estos? -pregunta con entusiasmo
"Esos sí que te quedan mal", pienso.
- También
- No, mejor los otros
Se los quita y vuelve a meter la mano para revolver dentro de su mochila. Ahora saca una crema depiladora, un cortaúñas y unas pinzas. Me pregunto si será estilista de cejas... pero me gana la indiferencia y miro hacia el otro lado. Entonces justo ahí escucho como intenta meter todo otra vez en su lugar, cierra la mochila, se gira totalmente hacia mí y me dice: - Soy Peter.
La sonrisa que le doy es todo lo que necesita. Hace un gesto que no evidencia otra cosa que la certeza de que mientras dure el curso jugaremos a ser amigos, aunque es probable que para él sea de verdad.
....
El semestre casi termina, el martes es la última clase y no se si pueda llegar a tiempo; no importa, mi amigo Peter -con todas las ganas de ser Patricia- me guarda siempre una butaca, y en los minutos previos a la intervención del profesor también me guarda las mejores crónicas de su emocionante vida.
A veces, mientras se expresa con tanta emoción, relatando lo que le paso en tal o cual sitio, yo miro atentamente sus cejas, depiladas a la perfección, pero no me atrevo a sentir envidia, sino algo parecido a la empatía. Es Peter.
¡Bienvenidos!
"¡Bienvenido! Me alegra que hayas decidido darte una vuelta por aquí, querido lector, tu visita y tus comentarios son muy importantes para mí, así que siéntete libre de merodear y expresarte a tu gusto. Espero que tu "viaje por mi vida" se desenvuelva sin contratiempos y que al final de la travesía te queden muchas ideas y algo de inspiración, no pido nada más. Mil gracias por adelantado", Lau.
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03 diciembre, 2010
16 agosto, 2010
Ella
Ella no es una mujer como cualquier otra. Es increíblemente insoportable y pésima para la convivencia, pero aun así él vive con ella desde hace casi 10 años.
Tiene muchos rencores, los ha venido arrastrando desde su niñez, cuando ya era insoportable, tonta y muy mentirosa. Ha mentido desde siempre, quizás para hacer creer que es maravillosa, cuando todos pueden notar que es poco inteligente, pretenciosa y que miente, siempre lo hace.
Ella intenta impresionar a todos, nunca entendió que no debía hacerlo, que solo debía dejarse llevar por la vida y ser autentica. Pero no, es una fiel imitadora de todo modelo de prestigio que se le presente por delante en la pantalla de su televisor, porque esa es su actividad favorita, ver telenovelas y programas de variedad donde se deja desvelar por todo el que presuma de tener una vida fabulosa.
Cuando era más joven creyó que después las cosas cambiarían, que llegaría a ser parte de ese grupo social que todos admiran y que sería conocida por ser la señora de algún caballero de apellido largo y sonoro; pero ahora que es mayor, cuando se conformó con lo mínimo de lo que siempre quiso, que resultó ser el modelo de una vida simple, todavía se deja impresionar por las personalidades y los famosos.
Ella todavía habla de los cantantes, actores, modelos y socialités usando su primer nombre, como si los conociera de toda la vida, y es que así es, fiel seguidora de las notas de espectáculos y de las crónicas sociales.
Nunca tuvo un novio duradero porque no tenía, ni tiene, idea de cómo mantener una relación, hasta que él llegó a su vida y entonces nada de eso fue necesario. Sin embargo, es importante mencionar que todo lo que sabe sobre los hombres es una mezcla entre muchas novelas mexicanas y las historias de sus tías, siempre tan alegres promiscuas y alcohólicas, como su madre.
Hace años ella no era nadie, no tenía personalidad, era lo que otros quisieran que fuera y siempre todo lo contrario a su madre, por eso fue a la universidad y se hizo abogada; supongo que alguien una vez le dijo que podía serlo porque ganaba toda discusión y siempre quería tener la razón aunque fuera con recursos estúpidos (una de esas cosas tontas que los adultos tontos dicen a los niños). Ella era así, si no sabía algo entonces lo inventaba y creía que nadie lo notaría; así era de ilusa.
Ahora, pasada de los 30, es abogada, tiene un empleo decente, un auto igual de decente y vive con él, en su apartamento del ensanche Miraflores.
Siempre va muy arreglada, eso es importante para ella porque es como debe verse una mujer según la sociedad y de acuerdo a su trabajo, eso es lo que siempre dice. Es una de estas mujeres que ojea revistas, nunca las lee, y solo se fija en la publicidad y esas cosas. Es la perfecta compradora, fácil de manipular; una consumidora ideal que piensa y actúa como dicta la ‘high class’, como ella misma dice.
Él es periodista, trabaja para el Listín Diario desde hace 16 años y es su marido. Viven juntos, pero no están casados y no tienen hijos. En eso se vieron frustrados los dos grandes sueños que ella tuvo desde su juventud, cuando decidió conformarse con él y quererlo, aunque sea un chin, para toda la vida; un compromiso sin firmas, pero cargado de fidelidad y desilusión.
Ella siempre soñó con una enorme boda, como esas que presentan en las revisas de sociedad. Soñó con el baby shower perfecto, con el bebe más hermoso del mundo y con la vida más impecable que se pueda permitir una mujer de clase media alta, que era su gran aspiración; hasta ahí llegaban sus sueños.
En contraste con todo lo que había planificado para su vida, ella vive sin mayores sobresaltos que el tráfico y alguna que otra dificultad en el buffete de abogados donde trabaja.
Él hace todo lo posible para evitar su mal humor, por eso se le ve de aquí para allá, haciendo las compras y pagando las cuentas, todo para ganarse una sonrisa genuina de entre todas las fingidas que ella le ofrece al mundo, indiferente, todos los días.
Él no es feliz con ella porque ella no es feliz con él, y yo solo los veo a través del lente de mi cámara... deseando cambiar las cosas.
Ella es mi hermana mayor, la primera hija de mi padre, y una mujer muy afortunada porque vive con el hombre más maravilloso del mundo, el que he amado desde la primera vez que lo vi ajeno al ruido de su entorno, tecleando como loco en la sala de redacción.
Nunca he entendí porque la escogió a ella. Es la pregunta que me hago cada mañana cuando llego al periódico, reviso la agenda del día y me preparo para la jornada.
-¿Ya estas lista cuñada? Vamos al congreso, la misma mierda de siempre.
Es él quien me habla, hoy otra vez nos toca trabajar juntos; soy fotógrafa, y trabajamos juntos desde hace años. Yo los presenté y ya entonces lo amaba, pero nunca dije nada.
Una década después ya no es momento para encontrar las palabras.
Tiene muchos rencores, los ha venido arrastrando desde su niñez, cuando ya era insoportable, tonta y muy mentirosa. Ha mentido desde siempre, quizás para hacer creer que es maravillosa, cuando todos pueden notar que es poco inteligente, pretenciosa y que miente, siempre lo hace.
Ella intenta impresionar a todos, nunca entendió que no debía hacerlo, que solo debía dejarse llevar por la vida y ser autentica. Pero no, es una fiel imitadora de todo modelo de prestigio que se le presente por delante en la pantalla de su televisor, porque esa es su actividad favorita, ver telenovelas y programas de variedad donde se deja desvelar por todo el que presuma de tener una vida fabulosa.
Cuando era más joven creyó que después las cosas cambiarían, que llegaría a ser parte de ese grupo social que todos admiran y que sería conocida por ser la señora de algún caballero de apellido largo y sonoro; pero ahora que es mayor, cuando se conformó con lo mínimo de lo que siempre quiso, que resultó ser el modelo de una vida simple, todavía se deja impresionar por las personalidades y los famosos.
Ella todavía habla de los cantantes, actores, modelos y socialités usando su primer nombre, como si los conociera de toda la vida, y es que así es, fiel seguidora de las notas de espectáculos y de las crónicas sociales.
Nunca tuvo un novio duradero porque no tenía, ni tiene, idea de cómo mantener una relación, hasta que él llegó a su vida y entonces nada de eso fue necesario. Sin embargo, es importante mencionar que todo lo que sabe sobre los hombres es una mezcla entre muchas novelas mexicanas y las historias de sus tías, siempre tan alegres promiscuas y alcohólicas, como su madre.
Hace años ella no era nadie, no tenía personalidad, era lo que otros quisieran que fuera y siempre todo lo contrario a su madre, por eso fue a la universidad y se hizo abogada; supongo que alguien una vez le dijo que podía serlo porque ganaba toda discusión y siempre quería tener la razón aunque fuera con recursos estúpidos (una de esas cosas tontas que los adultos tontos dicen a los niños). Ella era así, si no sabía algo entonces lo inventaba y creía que nadie lo notaría; así era de ilusa.
Ahora, pasada de los 30, es abogada, tiene un empleo decente, un auto igual de decente y vive con él, en su apartamento del ensanche Miraflores.
Siempre va muy arreglada, eso es importante para ella porque es como debe verse una mujer según la sociedad y de acuerdo a su trabajo, eso es lo que siempre dice. Es una de estas mujeres que ojea revistas, nunca las lee, y solo se fija en la publicidad y esas cosas. Es la perfecta compradora, fácil de manipular; una consumidora ideal que piensa y actúa como dicta la ‘high class’, como ella misma dice.
Él es periodista, trabaja para el Listín Diario desde hace 16 años y es su marido. Viven juntos, pero no están casados y no tienen hijos. En eso se vieron frustrados los dos grandes sueños que ella tuvo desde su juventud, cuando decidió conformarse con él y quererlo, aunque sea un chin, para toda la vida; un compromiso sin firmas, pero cargado de fidelidad y desilusión.
Ella siempre soñó con una enorme boda, como esas que presentan en las revisas de sociedad. Soñó con el baby shower perfecto, con el bebe más hermoso del mundo y con la vida más impecable que se pueda permitir una mujer de clase media alta, que era su gran aspiración; hasta ahí llegaban sus sueños.
En contraste con todo lo que había planificado para su vida, ella vive sin mayores sobresaltos que el tráfico y alguna que otra dificultad en el buffete de abogados donde trabaja.
Él hace todo lo posible para evitar su mal humor, por eso se le ve de aquí para allá, haciendo las compras y pagando las cuentas, todo para ganarse una sonrisa genuina de entre todas las fingidas que ella le ofrece al mundo, indiferente, todos los días.
Él no es feliz con ella porque ella no es feliz con él, y yo solo los veo a través del lente de mi cámara... deseando cambiar las cosas.
Ella es mi hermana mayor, la primera hija de mi padre, y una mujer muy afortunada porque vive con el hombre más maravilloso del mundo, el que he amado desde la primera vez que lo vi ajeno al ruido de su entorno, tecleando como loco en la sala de redacción.
Nunca he entendí porque la escogió a ella. Es la pregunta que me hago cada mañana cuando llego al periódico, reviso la agenda del día y me preparo para la jornada.
-¿Ya estas lista cuñada? Vamos al congreso, la misma mierda de siempre.
Es él quien me habla, hoy otra vez nos toca trabajar juntos; soy fotógrafa, y trabajamos juntos desde hace años. Yo los presenté y ya entonces lo amaba, pero nunca dije nada.
Una década después ya no es momento para encontrar las palabras.
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11 agosto, 2010
Café para pasar el agua
- ¿Eres feliz? con Miguel, digo.
-No mucho, pero me da lo mismo, no lo voy a dejar -puso cara de hastío- la costumbre pesa mas que el cariño.
-Pero los primeros tres meses juntos fueron buenos, verdad?
-Si, pero ¿y que? desde antes sabía que él no era para mi, lo que pasa es que otra vez caí en el gancho de las hormonas y las cursilerias; tu sabes como es que una piensa cuanto esta sola y necesitada de cariño -dijo con algo de amargura- además él era el tipo de hombre que me gustaba, y superaba por mucho al otro con quien estaba antes, ese sí que me jodió la vida.
Hacia 4 años desde que Mayra estaba con Miguel, y más por necesidad que otras razones vivían juntos; una relación en clara unión libre donde ninguno de los dos pensaba mencionar la palabra M...
-Me voy a casar como sea, no importa si se que las estadísticas no me ayudan, ya voy a cumplir 34 y es mejor llegar a los 40 como divorciada que como jamona.
-Entonces para que me preguntas si soy feliz y aún cuando te digo que no, que es costumbre, te vas a casar y vas a gastar el dinerito que has ahorrado para un carro en una boda que al final va a pasar en una noche. Eso es ser poco práctico, creo yo.
Las dos amigas no estaban cómodas en la pequeña cafetería, pero el olor a los cafés que habían pedido y los pasteles que allí vendían poco a poco las iba ganando.
Patricia, la ingenua mujer de ojitos claros, miraba hacia afuera como intentando parar la lluvia con el deseo de seguir su camino.
Mayra, que tampoco quería desanimar a su amiga con sus opiniones, intentó salvar la situación. Quizás había sido muy pesimista con el asunto y para remediarlo agregó:
-Pero no me hagas caso, cásate, tampoco creas que soy tan hipócrita para no aceptar que el matrimonio vale la pena, te da estabilidad.
-Y porque no se casan ustedes?
-Porque no hay nada que desencante mas rápido que un hombre tacaño y encima complicado. No quiero tener nada que ver con Miguel en papeles oficiales, con ese no comparto mas de lo que ya hacemos, que es la cama, el sanitario y la mesa, todo dentro del mismo apartamento y por mas tiempo del que debí haberme permitido hace mucho.
Luego de un silencio incomodo en que las dos aún podían escuchar los rastros de esas palabras, Patricia dijo:
-Ya está pasando el agua, vamos saliendo.
-Yo me quedo, voy a pedir otro café.
Y Mayra se sentó ahí sola, pensando que quizás hubiera sido mejor mostrarle otra cara de la convivencia a su amiga llena de dudas. A veces -se dijo a si misma- no todo era tan desapasionado, a veces era reconfortante despertar y ver ese cuerpo conocido entre el sueño y la conciencia a su lado en la cama, hacia la diferencia en su vida y valía la pena, todo valía. La vida valía el esfuerzo.
-No mucho, pero me da lo mismo, no lo voy a dejar -puso cara de hastío- la costumbre pesa mas que el cariño.
-Pero los primeros tres meses juntos fueron buenos, verdad?
-Si, pero ¿y que? desde antes sabía que él no era para mi, lo que pasa es que otra vez caí en el gancho de las hormonas y las cursilerias; tu sabes como es que una piensa cuanto esta sola y necesitada de cariño -dijo con algo de amargura- además él era el tipo de hombre que me gustaba, y superaba por mucho al otro con quien estaba antes, ese sí que me jodió la vida.
Hacia 4 años desde que Mayra estaba con Miguel, y más por necesidad que otras razones vivían juntos; una relación en clara unión libre donde ninguno de los dos pensaba mencionar la palabra M...
-Me voy a casar como sea, no importa si se que las estadísticas no me ayudan, ya voy a cumplir 34 y es mejor llegar a los 40 como divorciada que como jamona.
-Entonces para que me preguntas si soy feliz y aún cuando te digo que no, que es costumbre, te vas a casar y vas a gastar el dinerito que has ahorrado para un carro en una boda que al final va a pasar en una noche. Eso es ser poco práctico, creo yo.
Las dos amigas no estaban cómodas en la pequeña cafetería, pero el olor a los cafés que habían pedido y los pasteles que allí vendían poco a poco las iba ganando.
Patricia, la ingenua mujer de ojitos claros, miraba hacia afuera como intentando parar la lluvia con el deseo de seguir su camino.
Mayra, que tampoco quería desanimar a su amiga con sus opiniones, intentó salvar la situación. Quizás había sido muy pesimista con el asunto y para remediarlo agregó:
-Pero no me hagas caso, cásate, tampoco creas que soy tan hipócrita para no aceptar que el matrimonio vale la pena, te da estabilidad.
-Y porque no se casan ustedes?
-Porque no hay nada que desencante mas rápido que un hombre tacaño y encima complicado. No quiero tener nada que ver con Miguel en papeles oficiales, con ese no comparto mas de lo que ya hacemos, que es la cama, el sanitario y la mesa, todo dentro del mismo apartamento y por mas tiempo del que debí haberme permitido hace mucho.
Luego de un silencio incomodo en que las dos aún podían escuchar los rastros de esas palabras, Patricia dijo:
-Ya está pasando el agua, vamos saliendo.
-Yo me quedo, voy a pedir otro café.
Y Mayra se sentó ahí sola, pensando que quizás hubiera sido mejor mostrarle otra cara de la convivencia a su amiga llena de dudas. A veces -se dijo a si misma- no todo era tan desapasionado, a veces era reconfortante despertar y ver ese cuerpo conocido entre el sueño y la conciencia a su lado en la cama, hacia la diferencia en su vida y valía la pena, todo valía. La vida valía el esfuerzo.
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15 febrero, 2010
El Final
No tenia nada que perder, así que me acerqué y le dije:
- Dame dos buenas razones para no besarte.
- La primera es que ya no somos pareja, y la segunda es que solo nos haremos daño con esta actitud.
respondió él con su absoluta calma mientras me miraba con algo de tristeza tintada en sus ojos, los que solo yo podía ver. Lo abracé, no podía hacer nada mas.
Después de un rato de estar en sus brazos (nuestros abrazos fueron siempre largos e inmóviles) sentí como sus labios buscaban mi oído para susurrarme:
- Te doy dos buenas razones para sí hacerlo: la primera es que ambos queremos y la ultima es que solo nos queda esta noche.
Fué como siempre, como si nada mas importara. Pensaba que tres meses sin probar el sabor de su boca me provocaban esa sensación maravillosa de bienestar, pero sabia bien que no era solo eso. El beso fue apasionado, muy húmedo y descoordinado. Fue como recorrer a prisa una habitación, recogiendo lo que es tuyo para no olvidar nada, especialmente las partes mas pequeñas de tu corazón roto. Fue un beso egoísta porque ni al el ni a mi nos importó lo que el otro sentía, solo saciar las ganas contenidas de estrecharnos y olvidarlo todo por ese momento.
-Ya tengo que irme
dije como si él no lo supiera, mientras me subía al auto. Ya lo había encendido cuando el abrió la puerta y me dijo:
- Siempre te amé mucho. Nunca tuviste dudas de eso, verdad?
- No, nunca.
Solo pude decir eso; cerré la puerta y salí hacia la avenida.
- Dame dos buenas razones para no besarte.
- La primera es que ya no somos pareja, y la segunda es que solo nos haremos daño con esta actitud.
respondió él con su absoluta calma mientras me miraba con algo de tristeza tintada en sus ojos, los que solo yo podía ver. Lo abracé, no podía hacer nada mas.
Después de un rato de estar en sus brazos (nuestros abrazos fueron siempre largos e inmóviles) sentí como sus labios buscaban mi oído para susurrarme:
- Te doy dos buenas razones para sí hacerlo: la primera es que ambos queremos y la ultima es que solo nos queda esta noche.
Fué como siempre, como si nada mas importara. Pensaba que tres meses sin probar el sabor de su boca me provocaban esa sensación maravillosa de bienestar, pero sabia bien que no era solo eso. El beso fue apasionado, muy húmedo y descoordinado. Fue como recorrer a prisa una habitación, recogiendo lo que es tuyo para no olvidar nada, especialmente las partes mas pequeñas de tu corazón roto. Fue un beso egoísta porque ni al el ni a mi nos importó lo que el otro sentía, solo saciar las ganas contenidas de estrecharnos y olvidarlo todo por ese momento.
-Ya tengo que irme
dije como si él no lo supiera, mientras me subía al auto. Ya lo había encendido cuando el abrió la puerta y me dijo:
- Siempre te amé mucho. Nunca tuviste dudas de eso, verdad?
- No, nunca.
Solo pude decir eso; cerré la puerta y salí hacia la avenida.
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18 septiembre, 2009
Los Amantes
Ella adoraba el sonido de la lluvia golpeando su ventana, la hacía sentir que estaba a salvo en casa. A veces olvidaba esa sensación dentro de ese lugar que no era suyo. El olor del asfalto mojado era otra cosa, aunque estaba en el quinto piso podía oler la lluvia caer en el suelo y rodar por la calle. Todo acerca de la lluvia le encantaba.
Eran las 3:17 de la madrugada y ella agradecía poder dormir unas horas más todavía en compañía de la creciente lluvia que amenazaba por convertirse en una tormenta. Por lo menos ya no estaba sola, pensó mientras se giraba para descubrir como siempre un vacío a su lado en la cama.
Le pidió a Dios por cualquiera que no tuviera un lugar donde vivir y que estaría allá afuera en medio de tanta lluvia, por lo menos estaba en su casa que aunque no le gustaba, la protegía del frío para poder dormir apreciando la lluvia y sus sonidos, ahora acompañados por el viento que soplaba con bastante fuerza.
Cuando cerró los ojos para disponerse a descansar un escalofrío se lo impidió. Fue como una caricia sobre su piel que de inmediato la hizo anhelar la compañía de su amante. Deseó sentir sus manos recorriendo su cuerpo y en ese instante quiso tenerlo allí para amarlo junto a la lluvia.
Desearlo no iba a traerlo a su cama, pero ese único pensamiento encendió su cuerpo como solo lograba hacerlo él cuanto la acariciaba. Quería tenerlo cerca, sentirlo en todo el cuerpo, tenerlo dentro una y otra vez y luego poder dormir a su lado hasta que el sol en la mañana los despertara.
Él siempre recorría todo su cuerpo con besos, la hacía gritar de placer cuando la tocaba y luego se convertían en un solo ser que se movía rítmicamente sintiendo miles de sensaciones nuevas. Pero él no estaba allí, estaba sola con la lluvia que ahora venía con truenos y luces que se colaban por las ventanas cerradas.
Cada sonido la hacía estremecer, tocarse y desear a su querido amante; cada relámpago era como sentir sus manos que la hacían estremecer mientras ella se recorría el cuerpo con ternura y rapidez. Necesitaba sentirlo todo, necesitaba gritar como cuando estaba con él. Se toco su sexo que estaba húmedo y a la espera de caricias, a cada trueno variaba el movimiento de sus manos, cada vez inventaba nuevas caricias para darse, se sentía muy viva.
Elevó su vientre para sentir la delicadeza y la brusquedad simultanea de sus dedos sobre su clítoris y agradeció a Dios por ser mujer, una mujer que sabe amarse aún estando lejos del ser querido, una mujer fuerte y femenina.
Podía gemir y gritar, podía sentirlo todo, la lluvia era su amante de esa noche y fue un relámpago al entrar por la ventana el que la vio llegar al límite de su propio placer. Desnuda, satisfecha y feliz relajó su cuerpo, respiro profundo y se dispuso a dormir apaciblemente las horas que le quedaban antes del amanecer.
Él, muy lejos, esa noche pensó en ella. Era una noche clara de luna llena y extrañaba tanto a su amante que casi podía oler el perfume de su piel y su pelo. La imagino dormir cómodamente en su cama y deseo que ella estuviera soñando con él como él la deseaba en ese momento.
Ella era impredecible, disfrutaba besar su cuerpo y sentir como gemía de placer. Ella lo sorprendía con caricias inesperadas, tan maravillosas que cualquier hombre simplemente la adoraría en seguida. Era muy femenina y delicada, pero fuerte y decidida.
Pronto iba a tenerla en sus brazos para embriagarse con el sabor de sus deliciosos labios. Era, sin duda alguna, una mujer apasionante, pensó mientras fumaba su último cigarrillo del día y se dejaba hundir en un sueño profundo en el que podía ver su rostro y acariciar su piel.
Ella, a lo lejos, también en sus sueños, pudo sentir esa caricia.
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